A 54 años del asesinato de Kennedy: la CIA en México, “como en su casa”
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2017-11-22 /  
Proceso / CDMX
El gobierno mexicano permitió que integrantes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) espiaran a su antojo en el país durante los años 60.

Esa libertad no fue fortuita: presidentes de la República y secretarios de Gobernación, entre otros, fueron informantes de la CIA y establecieron con ella una relación orgánica.

Ese vínculo se exhibe en dos mil 895 documentos provenientes de la CIA, el Buró Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés) y el Departamento de Justicia de Estados Unidos, desclasificados el pasado 26 de octubre por el gobierno estadunidense en el marco de los 54 años del asesinato del presidente John F. Kennedy que se cumplen este miércoles 22.

Estos documentos, revisados por Apro, muestran también que la CIA montó una estructura político-empresarial para espiar a diplomáticos, disidentes de izquierda, estudiantes y expresidentes. En ese sentido, el expresidente Lázaro Cárdenas y las embajadas de Cuba y la Unión Soviética fueron blancos predilectos.

Red de espías

La agencia, cuya estación mexicana fundó E. Howard Hunt en 1950, realizaba cuatro grandes operaciones simultáneas en el país. Una de ellas era el programa secreto conjunto entre la estación de la CIA y la Dirección Federal de Seguridad (DFS) para intervenir las llamadas de las embajadas cubana y soviética, llamado LIENVOY. La legación caribeña era conocida como PBRUMEN y la cobertura que se hacía de ella se denominó LIONION.

Los archivos abundan en la vigilancia sobre la embajada soviética. Un reporte de avance sobre esa inspección, correspondiente al cuarto trimestre de 1962, explica que el proyecto estaba diseñado para reunir información operativa de la embajada y su personal, así como de objetivos seleccionados mediante la cobertura fotográfica móvil y fija.

Además, proveía de medios para investigar pistas y respaldar otras operaciones de la estación a través de la renta de casas de seguridad, provisión de apartados postales y contrainteligencia.

Hasta ese momento, la operación había generado 122 rollos fotográficos, entre ellos instantáneas de Cuauhtémoc Cárdenas durante su visita de cuatro horas y media a la embajada soviética el 28 de diciembre de 1963.

El proyecto LIEMPTY consistió, entre otras cosas, en vigilar la embajada soviética, bautizada como LIMERICK. Esa operación, que inició en 1958, consistía en vigilancia a nivel de calle e involucraba a un negocio de fachada cercano a la legación, así como cobertura radial.

Un cable secreto de dos páginas, de fecha 1 de enero de 1964 y titulado Cobertura de la embajada soviética, México, explica los detalles operativos.

Otro de sus blancos fue Nikolay Sergeyevich Leonov, segundo secretario y encargado de prensa de la embajada. En un documento secreto del 18 de octubre de 1967, de 40 páginas, Winston Scott, jefe de la estación en México, manifiesta su creencia de que Leonov trabajaba para el Quinto Departamento, responsable de América Latina, del Directorado del Primer Jefe de la KGB, a la cual se habría unido en 1956.

La CIA trató que no se supiera de la existencia de las intervenciones telefónicas que realizaba a embajadas y diplomáticos extranjeros acreditados en México. Así lo expone una comunicación del 20 de diciembre de 1963 de la dirección de la agencia a la estación mexicana: “Nuestro plan presente para trasladar información a la Comisión Warren es eliminar cualquier mención de las escuchas telefónicas para proteger sus operaciones actuales”, revela el texto secreto, de una página.

La red de espías que operó entre 1956 y 1969 para intercambiar datos con altos funcionarios mexicanos se denominó LITEMPO, del cual se desprenden las claves de los agentes. LI era la designación de México. Scott, jefe de estación de la CIA entre 1956 y 1969, la inició en 1958.

La liberación documental, que incluye también más de 30 mil archivos que solo habían sido divulgados parcialmente, deriva de las estipulaciones de 25 años de reserva bajo la Ley de la Colección de los Registros del Asesinato de JFK de 1992 y que permitió la difusión de miles de documentos en los años 90.

La colección entera consta de más de cinco millones de páginas de registros, fotos, grabaciones, cintas y artefactos relacionados con el asesinato del entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, cometido en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963. Empero, el presidente Donald Trump decidió reservar durante 180 días otros 280 archivos que, según la CIA, el FBI y otras agencias gubernamentales, podrían dañar la seguridad nacional.

“Top secret”

Los cables reflejan la intensificación de la Guerra Fría, en la cual la Ciudad de México era uno de los puntos calientes, quizás detrás de Berlín.

Otros archivos retratan la subordinación del gobierno mexicano a los intereses de Estados Unidos. Un cable del 17 de octubre de 1961, rotulado “secreto” y de dos páginas de extensión, revela el rol del entonces presidente Adolfo López Mateos, cuya clave secreta como agente de la CIA era LITENSOR.

El despacho, redactado por Scott y quien firmaba como Willard C. Curtis, refiere una reunión suya con López Mateos sobre la postura del general Lázaro Cárdenas sobre la Alianza para el Progreso, proyecto lanzado por Kennedy con el propósito de frenar la influencia de la revolución cubana en América Latina.

En el mensaje, Scott relata que un amigo de Lázaro Cárdenas se acercó al embajador estadunidense, Thomas Mann, para decirle que el general consideraba “una gran idea” el plan de Kennedy. “Era necesario que los beneficios llegaran a los más pobres y no se quedaran en los bolsillos de la clase dirigente y los ricos”, habría comentado Cárdenas, quien -según el cable- estaba dispuesto a fungir de consejero para garantizar que así sucediera.

“Cabrones, aguántense”

En otro cable “secreto” fechado el 8 de noviembre de 1962, Scott informó de que “el 5 de noviembre le di personalmente a LITEMPO-2 dos copias fotostáticas de la carta de amenaza en contra del embajador Mann”.

LITEMPO-2 era Gustavo Díaz Ordaz, secretario de Gobernación de López Mateos, quien le dijo a Scott que haría examinar la misiva para ver si Gobernación podía determinar al autor o al sospechoso. LITEMPO-2 dijo que si las relaciones mexico-cubanas fueran a empeorar, habría cartas similares contra López Mateos o funcionarios de Estados Unidos.

La carta, que al parecer llegó por vía postal, decía: “Si siguen bloqueando a Cuba, ni usted ni Kennedy lo van a seguir viendo, cobardes hijos de la chingada”. En caso de represión, “daremos cuenta de ustedes par de idiotas, pues más vale un valiente con una pistola que varios miles de ciudadanos en pública protesta. Cabrones, aguántense”.

Se ignora qué ocurrió con esa investigación.

Una comunicación secreta, del 15 de diciembre de 1977 y de cinco páginas, revela la magnitud del espionaje fotográfico de la embajada y consulado cubanos y que produjo19 archivos de instantáneas tomadas de julio de 1964 a enero de 1973.

En otro documento, del 12 de enero de 1962, Coty Solórzano de Cárdenas, cuñada del general Cárdenas, le dijo el 11 de enero a Litamil-9 (Luis Alberu Soero, agregado cultural cubano) que la embajada isleña debería usar un auto sin placas diplomáticas, como en la tarde del 10 de enero cuando el diplomático Carlos Lechuga Hevia visitó al expresidente.

“Coty Solórzano dijo que la casa del general Cárdenas estaba bajo vigilancia”, por lo cual usar ese auto no fue “sensato”, cita el texto de dos páginas y encabezado borroso.

El “misterioso” pasajero

La CIA y la DFS intercambiaban información que pudiera estar relacionada con el asesinato de Kennedy. El cable de la CIA número 015047 es un ejemplo de ello. Titulado Vuelo de Cubana del 22 de noviembre de 1963, el documento habla sobre un misterioso pasajero que habría llegado a México en un vuelo privado y luego se habría desplazado a La Habana en una aeronave comercial. La CIA quería confirmar la existencia de dicha persona. Y las autoridades mexicanas le proporcionaron listas de pasajeros y bitácoras de vuelo. Así resultó que el misterioso pasajero no existía.

“La CIA espiaba regularmente los vuelos de Cubana y enviaba reportes a la sede en Langley (Virginia). Operaba un equipo de espionaje de la agencia que vigilaba llegadas y salidas de aviones cubanos, de los cuales reportaba incidentes inusuales y manifiestos de vuelo”, cita el documento.

Ese material cuenta que el gobierno mexicano también tenía su propio grupo de espías en el aeropuerto, que le proporcionaba a la CIA copias de pasaportes y de listas de pasajeros. Además, la operación LIENVOY, de interceptaciones telefónicas, proveía de transcripciones de las conversaciones entre la oficina de Cubana y la de control del aeropuerto.

Juego de espías

La investigación en México del magnicidio de Kennedy visibilizó la aquiescencia que el gobierno de López Mateos brindaba a la CIA. Un documento secreto de dos páginas refiere que la oficina de la agencia estadunidense le pidió a Díaz Ordaz detener a la mexicana Sylvia Durán, quien había trabajado en el consulado cubano, y mantenerla incomunicada hasta que confesara todo lo relacionado con Lee Harvey Oswald, considerado el asesino solitario de Kennedy.

“LITEMPO-2 (Díaz Ordaz) puede decir que la cobertura de la DFS” reveló las llamadas de Oswald al consulado para preguntar por una visa de tránsito hacia la Unión Soviética, “en caso que tenga que explicar la detención”.

La policía mexicana detuvo a Sylvia junto con su esposo Horacio Durán, el 23 de noviembre. Ese mismo día, Fernando Gutiérrez Barrios, director de la DFS (LITEMPO-4 en la criptografía de la CIA) la interrogó, como consta en otro cable secreto de dos páginas.

Paralelamente, Luís Echeverría (LITEMPO-8), quien a la postre fue secretario de Gobernación y presidente de la República, informó a la agencia de la aprehensión y sus resultados.

Liberada el día 25 de noviembre, Durán fue recapturada el 28, luego de que el nicaragüense Gilberto Alvarado, quien era informante de la CIA sobre actividades izquierdistas en América Central, dijo que vio a Oswald recibir seis mil 500 dólares en la embajada cubana.

Un buen porcentaje de los archivos desclasificados se originó en la estación de la CIA en Ciudad de México e incluye la vigilancia a Oswald, durante su paso por el país del 26 de septiembre al 3 de octubre de 1963.

Oswald, a quien el mafioso Jack Ruby mató el día 24, era un supuesto marxista que trató de escapar a la Unión Soviética y quien tuvo contactos con espías cubanos y soviéticos en México, a quienes les habría hablado de sus planes de asesinar a Kennedy.

Los archivos muestran que México cooperó estrechamente con Estados Unidos en intervenir telefónicamente las embajadas de Cuba y la Unión Soviética antes del magnicidio y en investigar los vínculos de Oswald con México, pero no queda claro de qué habló con los agentes ni su propósito de llegar al país.

En relación con el caso Oswald, un documento secreto, de dos páginas y fechado el 24 de noviembre de 1963, indica que equipos de espionaje reportaban que el cónsul ruso Valeriy Vladimirovich Kostikov estaba bajo vigilancia física del servicio secreto mexicano.

“Debido a que no pueden proseguir con el espionaje unilateral bajo esas condiciones, debieron cancelar la vigilancia”, cita el texto, que también refiere que la estación de la CIA en el Distrito Federal no había mencionado a los mexicanos los antecedentes de Kostikov: miembro del 13er. Departamento de la KGB y responsable de asesinatos y sabotajes.

Un cable de dos páginas, del 23 de noviembre de 1963, relata que, según una llamada interceptada en Ciudad de México, Oswald acudió a la embajada soviética el 28 de septiembre y habló con Kostikov sobre su solicitud de visa.

En otra operación, el gobierno vigiló posibles movimientos financieros a nombre de Oswald, según un documento del FBI del 9 de marzo de 1964 titulado Oswald, Lee H-periodo post-ruso.

“El 4 de enero, una fuente confidencial, que ha reunido información confiable en el pasado, advirtió que se hizo un cheque en esa fecha en Telégrafos Nacionales, paraestatal que manejaba transferencias con Western Union y otras empresas postales estadunidenses, para establecer si Oswald envió o recibió dinero durante su estadía en México”, indica el cable, de tres páginas y catalogado como “confidencial”.

El 13 de enero, Alfonso Frías, subjefe de la policía del Banco de México y a quien el FBI señala de haber proporcionado información confiable en el pasado, indicó que una revisión de los registros de Telégrafos Nacionales no arrojó ninguna operación a nombre de Oswald.

Una indagación de registros de otros nueve bancos entre enero y marzo de 1964 tampoco derivó en pistas sobre transferencias, pero evidenció la estrecha colaboración de las autoridades mexicanas con las agencias de inteligencia de Estados Unidos.
 
 
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